Un minuto de reflexión: La visita del Observador.

Un día El Observador fue a visitar a su querida aprendiz en el retiro espiritual que estaba realizando. Se encontraba junto a la costa en lo alto de una loma que ofrecía una vista inimaginable. El sol del atardecer regalaba una mezcla de colores tenues y relajantes que se fusionaban con el olor fresco a mar que desprendía la orilla.

La aprendiz se mantenía inmóvil sentada en una posición que le permitía formar parte del paisaje sin desequilibrarlo lo mas mínimo. Su mente estaba en blanco, intentado alejarse de cualquier sentimiento emotivo para llegar a poder analizar desde fuera todas sus dudas que no le permitían llegar al “Estado de Nirvana”. El maestro se detuvo a pocos metros detrás de ella, procurando no perturbar su concentración. El viento aullaba como si las almas perdidas del mundo se hubiesen reunido para cabalgar en los cielos en ese momento. Era tan fuerte, que la capucha de su túnica destapó su rostro.

– “Aquí se huele paz y armonía, has elegido un lugar maravilloso para meditar.”- Comentó el Observador.

– Con la mirada perdida aun en el infinito, la aprendiz contesto: “Gracias maestro, el camino se va forjando y este lugar me ayuda a conseguirlo”.

El maestro se sentó a su lado, manteniendo la mirada en el mismo punto que su alumna y comenzó a susurrarle: “Has recorrido mucho en poco tiempo, estoy orgulloso de observar como tu cuerpo y tu mente van madurando con el tiempo a pasos agigantados. Tu voluntad se parece a la del mar, golpeando las rocas de la costa día tras día sin desfallecer. Cualquiera diría que nunca el agua podría deshacer una roca tan dura pero, con el tiempo, el mar consigue desgastarla por su incesante persistencia hasta convertirla en polvo. Ese deseo genera energía y permite que tu entorno se ponga en armonía con tu meta… si algo sucede es porque alguna fuerza así lo desea. Pero toda acción supone un sacrificio y debes estar preparada para asumir que esa dedicación borrará elementos que forman parte de tu vida. Muchas son las personas que no llegan a su objetivo por no abandonar esos elementos y hábitos. No es mal juicio, también se puede ser feliz así, todos tenemos la libertad de elegir, ese es el mayor tesoro que puede uno tener… decidir su vida.”

El maestro se levanto, oculto su cabeza con la capucha y apoyando su mano en el hombro de la aprendiz con la ternura que solo un padre puede dar a un hijo le dijo: – “Escribe tu misma tu destino, no dejes que lo haga la casualidad”. Y se alejó con el mismo sigilo con el que había llegado a aquel lugar, esbozando en su mente la sensación de admiración por quien era su alumna, una alumna que supera a su maestro.

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